sábado, 20 de marzo de 2010

Jugando como artistas


Las horas previas a la inauguración de los IX Juegos Suramericanos han sido de gran trabajo para los 600 artistas que tendrán a su cargo el espectáculo que dará inicio oficial a las justas deportivas.







Texto y fotos Analuisa Vieira
avieiram@eafit.edu.co

El estadio de Medellín, ese que por años ha sido cómplice de hinchas verdes, rojos y de todos los colores, el mismo que ha recibido en sus tribunas fans que cantan a todo pulmón, se transforma para iniciar oficialmente los Juegos Suramericanos, Medellín 2010.

Esta vez los protagonistas no serán jugadores de pantaloneta y camiseta, que entran en la cancha con el objetivo de ganar, sino un diverso y numeroso grupo de artistas que encontraron en el espectáculo la mejor disculpa para pasarla bien. Esta vez el público no será una hinchada que entona barras por su equipo, sino una ciudad entera con la expectativa de vivir algo nunca antes visto en Medellín.

Alrededor del Atanasio Girardot la vida sigue su acostumbrado curso: familias enteras hacen ejercicio bajo la tenue luz del atardecer, cientos de vendedores ambulantes estrenan sus nuevos locales y a lo lejos cuesta diferenciar los cantos de unos trovadores con la angelical música de los ensayos de la inauguración.

En su interior varían los idiomas, edades, clases sociales y colores. Dirigidos suavemente en francés y con una traducción en acento español, los más de 600 artistas ensayan una y otra vez sus pasos, entradas y salidas.



Los charcos de agua que forman mapas sobre la arena no son impedimento para que los dos pequeños protagonistas caminen descalzos siguiendo las instrucciones que les da el asistente de dirección por un audífono instalado entre peinados y disfraces.

El frío tampoco es impedimento para las bailarinas que repiten el mismo paso en el agua siguiendo las indicaciones de la directora: “Un, deux, trois, GO”, repite esta belga de claros crespos.

Tan diferentes, tan parecidos
Isabela tiene 9 años. Es pequeña, de pelo crespo, ojos oscuros y sonrisa enternecedora. Vive en el barrio El Poblado y su uniforme del colegio Pinares es una talla más grande que la suya, lo que la hace ver aún más pequeña. Con un sorpresivo profesionalismo ensaya el momento en que saldrá de una orquídea gigante con su compañero Samuel.

En otro lado del estadio, Estéfany de 12 años, practica la recta postura con la que saldrá cargando la bandera de Perú. Vive en un internado de la ciudad y, al igual que la pequeña Isabela, disfruta de hacer parte de este espectáculo.

Como Isabela y Estéfany hay niños, jóvenes y adultos que dejan en el camerino sus pertenencias, en la puerta sus problemas y al poner un pie en la cancha cubierta de arena no existe diferencia alguna.

Pertenecen a academias, fundaciones, grupos artísticos o simplemente son voluntarios, pero todos comparten el entusiasmo por entregar todo de sí desde la primera nota.

El cielo se teñirá de amarillo, azul y rojo con las más de 100 luces instaladas para el espectáculo. La música y juegos pirotécnicos, que suenan a parade de Disney World, ponen los pelos de punta. Y si esto es sólo un ensayo, no quiero imaginar qué pasará cuando el estadio lleno, se deje estremecer con el resultado de meses y meses de trabajo continuo.

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