martes, 23 de febrero de 2010

Mario Posada, el fotógrafo empírico


Su ceja derecha revela los años que ha vivido grabando con su cámara. Una ceja alzada y despelucada que ya no vuelve a su forma normal, cuando se ha pasado miles de horas apoyada en el visor de su filmadora. Por más de 50 años, este empresario y artista ha capturado millones de imágenes que describen un país, una ciudad y una familia.


Por Elisa Restrepo Posada
erestre2@eafit.edu.co

Mario Posada Ochoa, empírico en el arte de la fotografía y el video, es hoy reconocido por grandes fotógrafos y cineastas que encuentran en él a un maestro y profesional a seguir.

Su archivo fue protagonista de una película que durante el último año ha recibido numerosos premios a nivel nacional e internacional. 16 Memorias, bajo la dirección de Camilo Botero, cuenta la historia de una familia tradicional de Medellín a través de las imágenes que Mario grabó con su cámara de 16 milímetros entre 1945 y 1971.

“Mayo”, como lo llamaban sus familiares y personas cercanas, nació en Medellín el 4 de junio de 1926, en el centro de una ciudad que, como él, apenas comenzaría a dar sus primeros pasos.

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Fue el segundo de los ocho hijos de Juan Crisóstomo Posada y Soledad Ochoa. Aunque estudió Ingeniería Química, primero en la Universidad Pontificia Bolivariana y luego en la Universidad de Columbia, en Nueva York, por cosas de la vida no terminó ejerciendo su profesión, sino que se encargó de sacarle provecho a aquello por lo que verdaderamente sentía pasión: la música y la fotografía.

El año de 1951 fue la época en la que aquel quijote criollo comenzó a ver en sus aficiones un poderoso diamante en bruto. Como muchos de sus contemporáneos, quiso aplicar su pasión y conocimiento en la creación de una novedosa empresa que fomentaría el desarrollo en la ciudad.

Primero fue Fotoelectro que importaba y vendía material de fotografía, música y video. Luego Movifoto, una litografía que producía y vendía postales de cada uno de los aviones, esculturas y rincones del país y del mundo fotografiados por él.

Fotoelectro Posada nació a principios de 1952 en la esquina suroriental de Junín con Maracaibo. Este almacén vendía toda clase de electrodomésticos que resultaban novedosos en aquella ciudad incipiente que era Medellín.

En poco tiempo se convirtió en uno de los almacenes más importantes de esta capital, ofreciendo cualquier cantidad de artículos fotográficos y electrodomésticos, los primeros discos long play de música clásica y tocadiscos automáticos que llegaron a Medellín.

También grabadores de cinta, amplificadores y parlantes de alta fidelidad, en una época en la que se llenaban los teatros Bolívar y Junín cuando llegaban compañías de ópera y zarzuela.

“Logré conformar la más importante colección de fotografías turísticas de nuestro maravilloso país, invaluable archivo del Banco de Fotografías Movifoto que por fortuna conservo en perfecto estado, captadas por aire, mar y tierra. Entre ellas, las logradas desde mi propia avioneta. Utilicé esta valiosa herramienta para fotografiar las principales ciudades, poblaciones, sitios históricos, fábricas, universidades, colegios, edificios y los más bellos rincones turísticos de Colombia, así como todas las aeronaves que en esa época surcaban sus cielos”, cuenta Mario Posada.

A mediados de la década del 60, cuando todavía no había televisión a color ni mucho menos Internet, uno de los pasatiempos preferidos en la ciudad era llenar álbumes de laminitas.

Conozca a Colombia era un álbum que reunía 400 láminas o “caramelos”, como le llamaban los niños en ese entonces, de los paisajes y sitios turísticos más representativos de Colombia.

Esta “goma” infantil fue una locura en Medellín. Además de estar cargado con la magia de comprar y abrir los sobrecitos para descubrir qué había dentro de ellos, este álbum tenía el don sin igual de transportar a chicos y adultos a los rincones más hermosos del país.

Mario y los fotógrafos Gabriel Carvajal, León Ruiz y el Padre Ripoll fotografiaron cada paisaje, cada escultura y cada montaña de este país, para luego llevarlos a millones de familias en un álbum.

La cantidad de fotos que tomó Mario es incalculable. Y hasta hace poco estuvieron guardadas y casi olvidadas en los viejos cajones de su casa en la calle Maracaibo, pudriéndose entre el polvo y la humedad.

Uno de sus sobrinos, Juan C. Posada, decidió recuperar aquel invaluable tesoro por el que se trabajó tantos años y limpiando, escaneando y restaurando, una por una, cada una de las fotos, ha recuperado unas 11.000, que ahora conforman el Banco de Fotografía Movifoto.

El fotógrafo incansable

Las cámaras fueron un miembro más de su familia. Sus siete hijos crecieron actuando, filmando y soportando largas jornadas de grabaciones caseras en las que, en más 80.000 pies de película, se registra toda una vida familiar.

Catalina, la menor de sus hijas, recuerda lo que era vivir con un padre obsesionado con la música, la fotografía y las películas:

“Ni se diga las repeticiones que nos hizo hacer en las filmaciones de las películas familiares para lograr la escena perfecta. Nos decía cosas como:
- ¡Mija, vuélvale a pegar, y usted mijo, vuelva a llorar!
- Mija, devuélvase y entre otra vez.
- ¡Dígale a su mamá que la vuelva a peinar y viene y yo la filmo para despeinarla otra vez!
- ¡Vaya cámbiese de ropa para que se vea como si fuera otro día!
- ¡Mija, pero póngase una camisa roja que las fotos salen muy feas con esa camisa blanca!¡Pero si yo les he dicho mil veces…!”

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Este video es un homenaje que le hizo su familia.

El 1 de agosto de 2009, Mario Posada recibió el Premio Colombiano de Fotografía, un importante reconocimiento que se le hizo por tantos años de dedicación a la imagen. En compañía de Camilo Botero, el director de 16 Memorias, salió reluciente al escenario a contar su historia como empírico de la fotografía y el video.

Camilo Botero trabajó durante casi dos años con el material que Mario guardaba y casi olvidaba en su vieja casa. Pasó meses revisando y reparando cada una de los aparatosos y pesados rollos de películas y creó 16 Memorias, una película ganadora de varios premios a nivel nacional e internacional que reúne algunas de las imágenes grabadas por este hombre con su cámara Bolex Paillard de 16 milímetros en la que se cuenta la historia de una familia tradicional de Medellín.

“Del material fotográfico y de video sorprenden muchos momentos. A mí me sorprende todo; la calidad fotográfica, la genialidad que tuvo para algunos momentos; hay instantes geniales durante la película y dentro de ese material, como la persistencia de él en estar registrando todo. Eso es un caso muy particular”, cuenta Camilo después de haber repasado una y otra vez las 33 horas grabadas en más de 25 años.

Este hombre que lleva a sus espaldas ocho décadas, que soñaba con imágenes mientras oía la radio, que asombrado vio llegar la televisión, que escribió montones de telegramas y cartas a su enamorada, la tecnología no lo ha dejado atrás. Hoy es un adorador de la era digital: está a la vanguardia en tecnología audiovisual, tiene la última Handycam de alta definición y domina computadores y programas de edición a la perfección.

Mientras digitaliza y edita sus grabaciones este viejito “baja” música, documentales y películas de Internet. Busca tener la más grande videoteca cultural de Colombia, porque piensa en grande el hombre, así que para eso tiene que trabajar.

Todos los días se levanta muy temprano y se sienta en su oficina de edición, en donde se dedica a pasar a formato digital sus más de 1.500 películas. En algunas tardes y noches el incansable abuelo graba los conciertos que se presentan en el Teatro Pablo Tobón Uribe y en EAFIT.

Esta es La historia de Mario Posada Ochoa; es la historia de mi abuelo: un hombre obsesivo, genial, pelietas, terco, cariñoso y contemplador; amante del arte… y del negocio, eso sí.

Algunas veces “mareador” con su cámara y con su “mija repita”, “que vuelvan a cantar”, “que cuántas veces le he dicho que no se me atraviese”, “que haga silencio, le dije”. En fin…

Pero, eso sí, Mario Posada es un hombre que a lo largo de su vida ha construido un tesoro invaluable. En esas miles de películas está la historia de mi abuelo, la historia de mi familia, mi historia.

1 comentario:

  1. Conocí ocasionalmente a Don Mario cuando me vendió mi primera cámara fotográfica...pero me habló más de su pasión por las postales que por el producto que me estaba vendiendo. Lo recuerdo parado en la puerta de su almacén saludando a miles de transeúntes que lo conocían, pues ya era un personaje. También recuerdo que iba con frecuencia al bar La Bastilla a tomar tinto con algunos de sus amigos. Me alegro saber de él y que aún acompaña a su familia.....

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